Bella, mi gata de colores blancos y negros, me despertó, a la mañana siguiente, con su incesante ronroneo. Aún me sentía algo extraña cuando desperté, pero decidí hacerle caso omiso a aquella sensación, y empecé con la rutina de los días de instituto. Me vestí rápidamente con mi nuevo jersey negro, los tejanos y mis viejas converse de color negro. Me recogí el pelo en una coleta alta, dejando que mi flequillo me tapase el ojo derecho. Desayuné rápidamente y me subí al coche, aun medio dormida. Después de un cuarto de hora, llegamos al instituto, entré en mi clase, me senté en mi pupitre y me puse los cascos de mi ipod. Empezó a entrar gente en la clases, aunque ninguno de ellos me agradaba demasiado. Finalmente llegó mi gran amiga Córaline, y se sentó a mi lado.
-Buenos días Emily! -me dijo con una amplia sonrisa en sus labios.
Córaline era todo lo contrario a mi. Toda ella era morena, prefería llevar ropas muy coloridas, de colores amarillos, rosados y naranjas. En cambio, yo prefería vestir con colores negros y purpuras.
-Hola Córaline-le conteste algo desanimada.
Ella río levemente antes de sonreírme ámpliamente y guiñarme un ojo.
-Tan animada como siempre, eh? Qué te pasa esta vez?
La mire fijamente intentando forzar una sonrisa, aunque no llego a serlo.
-Pues es que no se- le dije entre dientes- Ayer me paso algo raro y aun tengo una sensación... No se como describirla...
Me dedico otra cálida sonrisa, lo cual encontraba generalmente muy adorable, pero en esta ocasión empezaba a resultar me algo molesto.
-Bueno, ya sabes que me lo puedes contar todo-Me dijo Córaline, extrañamente seria- Aunque ya sabes, no todo es lo que parece.
Justo en ese momento entró nuestro profesor de Educación Física, anunciándonos que hoy era el gran día en que debíamos hacer la prueba de velocidad. Mierda, si había algo que odiase más que aquella asignatura, era tener que hacer aquella maldita prueba. Resoplé, cogí mi mochila de deporte y me fui con Córaline, cogidas del brazo. Odiaba aquello, solo acababa de empezar el día y ya quería que acabase. ¡Que asco!
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