lunes, 20 de junio de 2011

Capítulo 6: No hay nadie.

Como de costumbre, otra vez corriendo para no perder el autobús. Odiaba los lunes. Odiaba tener que correr para coger aquel maldito autobús, que en una hora, acabaría dejándome en mi casa. Con mi hermano a mi lado, conseguimos llegar hasta la parada del bus, justo a tiempo como para subir al bus. Me senté en el último asiento individual, me puse los cascos del ipod, con la música a tope, e intenté desconectar del mundo. Empecé a escuchar la canción de Touchin' on my de 3OH!3 (un grupo al que adoraba pero que poca gente conocía  echo que hacia que la gente pensase que era aun más rara), pero aunque aquella canción siempre me animaba, aquel día, me encontraba tan extrañamente deprimida, que ni siquiera aunque entrase por la puerta del bus Claude, el chico que me gustaba, me animaría. Entonces noté como mi hermano Caleb, mi hermano, intentaba quitarme los cascos. Con una cierta resignación, me los quité.
-Emily, mira quién ha entrado- me susurro.
Me giré hacia la puerta para ver quien era. ¡Hablando del rey de Roma! Vi como Claude entraba por la puerta y se dirigía hacia su asiento habitual. Le dediqué una de mis mejores sonrisas falsas. Pero como de costumbre ni siquiera se percató de mi presencia. Muy típico de la gente de aquella ciudad muy pija. Cerré los ojos por la rabia que aquello me provocaba. En aquellos momentos me habría gustado ser una de aquellas chicas rubias, perfectas, rubias y con un nivel de popularidad que todo el mundo envidiaba, pero en vez de ello, solo era una chica morena de tez pálida, a causa de la depresión que diversos factores había provocado, además de tener una popularidad más baja que la que podría tener un cerdo. Suspiré y decidí concentrarme en el paisaje que se podía observar por la ventana. Yo vivía en un barrio en el extrarradio de aquella ciudad llena de gente pija, cuyo nombre prefiero no nombrar. Mi barrio era el más chungo de la zona, era de allí de donde solían salir la mayoría de los delincuentes de la ciudad, pero aun y así, amaba aquel sitio, repleto de bosques y grandes casas antiguas de un valor actualmente muy bajo. Mi casa era una de las más bonitas y bien conservadas de la zona. Desperté de mi ensimismamiento al oír que el bus frenaba, aquella era mi parada. Descendí del bus dando una última mirada a Claude, entre el desprecio y la admiración. Pero cuando estaba abajo la cosa no izo más que empeorar. Aquel chico, el de mi sueño y el de el día anterior, se encontraba sentado en el banco de enfrente, uno que estaba rodeado de arboles, sumido en la penumbra. Él se mimetizaba bastante con el paisaje, ya que iba, de nuevo todo vestido de negro. Me quedé paralizada al verle, me estaba sonriendo ampliamente, mostrándome unos dientes más blancos que las perlas. Me froté los ojos, pero cuando paré y volví a mirar, él ya no estaba. Me quedé totalmente boquiabierta. 
-Has...has visto a aquel chico?- pregunté a mi hermano Caleb.
-Emily, no hay ningún chico, estamos solos, ¿Estas bien?-Me respondió con cara de preocupación.
Yo no le respondí, me limité a andar hasta llegar a mi casa donde me encerré en mi habitación exhausta por aquel extraño y agotador día.  

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