lunes, 25 de julio de 2011

Capítulo 8: Deja-vu

Me dolía la cabeza de manera insoportable. No recordaba nada. ¿Donde estaba? No veía nada, estaba totalmente a oscuras. El ambiente estaba muy cargado, y el aire se notaba muy pesado. Me costaba respirar. Intenté levantarme pero no pude, noté que tenía una pierna atada con una cadena.
-¿Qué coño...?
Fue entonces cuando recordé lo que había pasado. ¿ Me había desmayado? Aquello no era muy propio de mi. Empecé a arrastrarme por el suelo, buscando pistas sobre donde me encontraba, pero la cadena no me dejaba llegar muy lejos. Estaba agotada, me dolían las piernas, y el corazón me latía incesantemente a causa del pánico extremo.
-Emily...
Me giré rápidamente en busca de la procedencia de la voz.
-Ven conmigo...
Era una voz dulce, tranquilizadora, una voz que parecía cercana, aunque no sabía de donde procedía.
-Tu...Eres...
Fruncí el ceño a la espera de que aquella voz terminara la frase, aunque ya tenía bastante claro lo que iba ha decir.
-Nuestra...
Al oír aquella palabra, mi corazón se aceleró aun más de lo que nunca lo había echo, mucho más de lo que ya lo estaba. Notaba una sensación de Deja-vu. Todo el bello de mi cuerpo de erizó, mis ojos se abrieron como si de platos de tratasen, entonces fue cuando mi visión de la habitación empezó a volverse nítida. Podía distinguir un espejo en el centro del cuarto. Me llevé las manos a la boca. Estaba atrapada en la misma habitación de mi sueño, mejor dicho, de mi pesadilla. Entrecerré los ojos para intentar ver con mas claridad. Era una habitación muy sencilla, sin ventanas, pero al contrario que en mi sueño, en una de las paredes, la mas alejada de mi, se encontraba una puerta. Suspiré algo aliviada al comprobar que de alguna u otra manera podría escapar de aquel horrible lugar. Seguí observando la habitación y entonces comprendí porque tan inesperadamente había "recuperado" la visión. Al rededor del espejo, formando un circulo, había una gran cantidad de velas de color negro, que habían sido encendidas recientemente.
-<<Espera, ¿encendidas?>>
Fruncí el ceño extrañada.
-<<Como puede ser que estén encendidas si no hay nadie mas aquí?¿Y porqué son todas negras?>>-empecé a preguntarme cada vez más alterada-<<¿Y porque...?>>
-Preguntas, preguntas, preguntas,...
Me giré y ahí estaba él. El chico de mi sueño, el que me miraba desde detrás de la ventana el día anterior, y ahora estaba justo delante de mi, sentado, como si nada.

sábado, 23 de julio de 2011

Capítulo 7: Nuestra

Me desperté a medianoche.Todo estaba muy oscuro. Me había quedado dormida, ni siquiera había cenado. Me levanté de la cama, dibujando eses mientras caminaba hacia la puerta. Posé mi mano sobre el pomo de la puerta, este estaba extrañamente frió. Fruncí el ceño y abrí la puerta. El pasillo también estaba muy oscuro, siendo gótica adoraba la oscuridad, pero aquello, no era normal. Me abracé a el oso de peluche que me había dado Claudine, la chica que se había sido mi mejor amiga, pero que había tenido que mudarse. Oí un ruido a mis espaldas.
-¿Mamá?- Pregunté al aire.
Nadie me respondió. Parecía que se habían quedado todos abajo mirando la televisión. Seguí avanzando hasta llegar al cuarto de baño. Abrí lentamente la puerta y tanteé la pared en búsqueda del interruptor de la luz. Una vez encendida, entré apresuradamente, cerrando la puerta detrás de mi. Me miré en el espejo. Estaba muy pálida, y debajo de mis oscuros ojos, se veían unas violetas y pronunciadas ojeras. Cualquiera que me viese en aquel instante pensaría que era un zombie o un fantasma. Una leve sonrisa apareció en mis labios ante aquel pensamiento. Abrí el grifo y agaché la cabeza, para poder limpiarme la cara y así despejarme un poco. Puse las manos en forma de cuenco bajo el grifo y dejé que el agua corriese mientras empezaba a salpicarme la cara con agua fría. Cogí una toalla, me sequé la cara y me incorporé, justo a tiempo para verla. Me volví a mirar en el espejo, pero en ese momento, ya no era yo la única que se reflejaba en el espejo. Había otra chica detrás de mi, mucho más pálida que yo. Era una chica rubia, con una melena que le llegaba hasta la cintura. Me giré rapidamente hacia ella. Me estaba mirando fijamente, parecía que con aquella mirada podía atravesarme, ver a través de mi. Me extendió la mano, mientras simultaniamente una sonrisa aparecía en su rostro.
-Patrice- Dijo con voz dulce la curiosa muchacha.
Debatiendome entre la curiosidad y el miedo, decidí estrecharle la mano. Estaba verdaderamente extrañada por el comportamiento de aquella extraña que había aparecido en mi casa.
-Emily- Intenté decir con mi mejor sonrisa falsa.
-Ya se como te llamas- Me dijo con una expresión de diversión.
Abrí los ojos de repente, cada vez mas notablemente desconcertada y asustada. ¿Como podía aquella extraña saber mi nombre?
-Perdona Patrice, has dicho que sabes mi nombre, pero ¿como?-respondí mientras agitaba levemente la cabeza.
Ella me dedicó una de las sonrisas más dulces que yo había visto en mi corta vida. Se acercó mas a mi, hasta que sus labios rozaron mi oreja. Me cogió del brazo, apretándomelo levemente. Su tacto era tan helado como el de el pomo de la puerta, que antes había percibido.
-Porque tú, Emily, eres Nuestra- me susurro al oído.
Fue entonces cuando, sin motivo aparente, me desmayé.

lunes, 20 de junio de 2011

Capítulo 6: No hay nadie.

Como de costumbre, otra vez corriendo para no perder el autobús. Odiaba los lunes. Odiaba tener que correr para coger aquel maldito autobús, que en una hora, acabaría dejándome en mi casa. Con mi hermano a mi lado, conseguimos llegar hasta la parada del bus, justo a tiempo como para subir al bus. Me senté en el último asiento individual, me puse los cascos del ipod, con la música a tope, e intenté desconectar del mundo. Empecé a escuchar la canción de Touchin' on my de 3OH!3 (un grupo al que adoraba pero que poca gente conocía  echo que hacia que la gente pensase que era aun más rara), pero aunque aquella canción siempre me animaba, aquel día, me encontraba tan extrañamente deprimida, que ni siquiera aunque entrase por la puerta del bus Claude, el chico que me gustaba, me animaría. Entonces noté como mi hermano Caleb, mi hermano, intentaba quitarme los cascos. Con una cierta resignación, me los quité.
-Emily, mira quién ha entrado- me susurro.
Me giré hacia la puerta para ver quien era. ¡Hablando del rey de Roma! Vi como Claude entraba por la puerta y se dirigía hacia su asiento habitual. Le dediqué una de mis mejores sonrisas falsas. Pero como de costumbre ni siquiera se percató de mi presencia. Muy típico de la gente de aquella ciudad muy pija. Cerré los ojos por la rabia que aquello me provocaba. En aquellos momentos me habría gustado ser una de aquellas chicas rubias, perfectas, rubias y con un nivel de popularidad que todo el mundo envidiaba, pero en vez de ello, solo era una chica morena de tez pálida, a causa de la depresión que diversos factores había provocado, además de tener una popularidad más baja que la que podría tener un cerdo. Suspiré y decidí concentrarme en el paisaje que se podía observar por la ventana. Yo vivía en un barrio en el extrarradio de aquella ciudad llena de gente pija, cuyo nombre prefiero no nombrar. Mi barrio era el más chungo de la zona, era de allí de donde solían salir la mayoría de los delincuentes de la ciudad, pero aun y así, amaba aquel sitio, repleto de bosques y grandes casas antiguas de un valor actualmente muy bajo. Mi casa era una de las más bonitas y bien conservadas de la zona. Desperté de mi ensimismamiento al oír que el bus frenaba, aquella era mi parada. Descendí del bus dando una última mirada a Claude, entre el desprecio y la admiración. Pero cuando estaba abajo la cosa no izo más que empeorar. Aquel chico, el de mi sueño y el de el día anterior, se encontraba sentado en el banco de enfrente, uno que estaba rodeado de arboles, sumido en la penumbra. Él se mimetizaba bastante con el paisaje, ya que iba, de nuevo todo vestido de negro. Me quedé paralizada al verle, me estaba sonriendo ampliamente, mostrándome unos dientes más blancos que las perlas. Me froté los ojos, pero cuando paré y volví a mirar, él ya no estaba. Me quedé totalmente boquiabierta. 
-Has...has visto a aquel chico?- pregunté a mi hermano Caleb.
-Emily, no hay ningún chico, estamos solos, ¿Estas bien?-Me respondió con cara de preocupación.
Yo no le respondí, me limité a andar hasta llegar a mi casa donde me encerré en mi habitación exhausta por aquel extraño y agotador día.  

jueves, 16 de junio de 2011

Capítulo 5: ¿Qué me está pasando?

<<Me desperté en una habitación oscura, todo aquello me resultaba extrañamente familiar, pero no sabia donde estaba y no recordaba nada de lo que le había pasado. Intenté levantarme, pero no encontré nada en lo que apoyarme, y acabé cayendo al suelo, cobre mi trasero. Al caer, intenté gritar, pero no salió ningún sonido de mi garganta. Aquello acabo por aterrarme completamente. 
-Emily...
Aquello sonó como un susurro lejano, pero parecía que provenía de detrás de mi. Se giró, pero seguía sin poder ver nada. Empezó a arrastrarse por el suelo, hasta que choco con algo. Era una vela, o eso parecía. Me percaté de que cuando la toqué, esta se encendió. Que raro...Me encogí de hombros y la pasé por toda la habitación para tener una visión del sitio en el que me habían encerrado. Era un pequeño cuarto, con un espejo en el centro. No había nada mas, ni siquiera una puerta por la que pudiese salir...Pero entonces, ¿De donde había venido aquella voz?
-Emily...Ven conmigo...Juntos...
¿Quuuueeé?¡Que vaya con quien si estoy encerrada en este maldito cuarto! Empecé apresuradamente a mirar por todo mi alrededor, pero seguía sin ver a nadie. Aquella situación, definitivamente me desesperaba. SI no salía de allí pronto, acabaría volviéndome loca. Empecé a dar golpes a todas las pareces, pero ninguna se movió ni mostró ningún signo aparente de estar huecas. Acabé exhausta, tirada en el suelo y observando mi reflejo sobre aquel espejo tan, espeluznante. Puse una mano sobre él, notando el frío contacto, cuando mi imagen se desdibujó, y en vez de ver mi propio reflejó, vi al chico de la noche anterior. Al verlo me asuste y retrocedí hacia atrás mientras el esbozaba una sonrisa pícara. 
-Emily, no te asustes, no te voy a matar.-Rió levemente.
Me sonrojé y me quedé observándole aun desde una distancia prudente. Empecé a acercarme a él, aunque no muy segura sobre lo que estaba haciendo. Él era...era muy atractivo, todo me atraía ha acercarme a él. Sus ojos pícaros, me hipnotizaban y me hacían que desease estar más y más cerca de él. Me miraba directamente a los ojos, pero cuando estuve delante del espejo, él había desaparecido, pero,¿cómo, si había estado todo el rato mirándole?
-Tú...yo...juntos...oscuridad...
Otra vez aquella voz en mi cabeza, estaba harta! 
Callate!- Empecé a gritar, mientras lagrimas frías recorrían mis mejillas- ¡Déjame! ¡Largate yo no quiero ver ni oír cosas raras! >>
Me despreté chillando. ¿Dónde estaba? A sí, en la enfermeria del colegió. Entonces todo había sido solo un sueño, suspiré y busqué con la mirada si había alguien conmigo. Gracias a dios no había nadie, y por lo tanto no me habían oído. Me sequé el sudor de la frente y me volví a estirar.¿Qué me estaba pasando? Empezaba a estar muy asustada, y cansada que en tan poco tiempo, me estuviese convirtiendo en un icono de lo raro.

miércoles, 15 de junio de 2011

Capítulo 4: Goodbye.

¡Por fin había llegado a mi rincón! Estaba cansada de toda aquella mierda, así que decidí sentarme a esperar a que llegase Jessica, la chica de cabellos marrones, que posiblemente era la que mejor me podría comprender en aquellos momentos. Desde que mi mejor amiga había dejado de vivir aquí, mi vida se había desmoronado de manera tan brutal que ha veces me daba hasta miedo. Antes de que aquello sucediese yo tenia una vida mas o menos normal, es decir, seguía siendo la misma niña insociable, pero al menos era feliz, vestía de colores y sonreía siempre, ella me comprendía a la perfección, la tenía allí siempre que la necesitaba, y nunca me falló, nunca nos enfadamos. Pero cuando se fue... todo cambió para mi. Recordar aquello me hacía sentir ganas de llorar, pero no podía, no delante de tanta gente. Odiaba que todo el mundo me preguntase si estaba bien, cuando obviamente estaba bastante jodida. Y lo peor de todo, es que ni siquiera lo hacia por que se preocupasen, si no para cuchichear sobre lo rara que era yo, o lo estúpida y llorica que era. Este colegio de gente pija apesta. Me senté en la parte más oscura de el rincón, apoyada en la pared y con las piernas encogidas, esperando a que llegase Jessica. 
-¡Hola Emily!- Me gritó desde lo alto de las escaleras.
-Leches, Jess, te he dicho que no hagas eso, que me asustas.
- Tan susceptible como siempre-se rió levemente y se sentó a mi lado.
Jessica, era una chica optimista risueña y con un afán por encontrar novio, que ha veces me llegaba a desesperar. Había repetido curso, pero no era tan tonta como pudiese llegar a parecer, era alta, muuy alta, con el pelo que le llegaba por los hombros, delgada. Era una chica guapa, aunque como todo el mundo tenia defectos, pero eso a mi no me importaba. Había sido mi amiga desde hacía como 3 años, y de momento (aunque habíamos tenido unas cuantas miles de peleas) no me podía quejar demasiado de ella.
-Té veo pálida Em, te pasa algo?- Me observaba muy seria, aunque seguramente su seriedad duraría poco.
-No Jess, estoy perfectamente, solo es que, la prueba física de educa, me ha dejado agotada- le respondí en un suspiro.
Entonces llego Córaline, la mire de arriba a abajo, como siempre taan colorida y tan animada, no la llegaba a comprender, pero igual la quería mucho.
-Emily, porque te has ido sin decir nada? Estas bien? Sigues muy pálida! Tía, cuéntame que te ha pasado!- otra vez avasallando me con su incesante parloteo.
Me giré bruscamente hacia ella y le conteste algo borde.
-Oye Córaline, ya te dije que estoy bien, vale? Deja de avasallarme¡que lo único que haces así es ponerme mas nerviosa!
Se sentó ofendida al lado de Jessica, me miro con cara de pocos amigos y decidió pasar olímpicamente de mi. No estaba de humor como para aguantar sus chorradas, así que me puse los cascos y cerré los ojos al son de Avril Lavigne, sí lo se, cuando una esta deprimida no debería escuchar canciones como Goodbye, que te deprimen más, pero yo no lo podía evitar. Empezaba a encontrarme cada ves mas nerviosa, ya casi ni escuchaba la canción. Fue entonces cuando lo volví a oír.
-Emily, ayúdame, solo tu puedes.
Eso me asustó más aún, y empecé a hiperventilar. No veía nada, no oía nada más que mis respiraciones aceleradas. ¡No podía respirar! Estaba mareada y notaba que el aire no me entraba.
-M-m-m-me a-a-ahog ....
-Em, estas bien? Oye para ya eh? Que no te vamos ha hacer el boca a boca!
Aquello sin duda, me izo cabrearme más, y que hiperventilara más rápido. ¡Oh, Dios mio, pensaba que iba a morir! Todo lo que oí a partir de aquí fue que tenían que llevarme a secretaría. Me levante, aún hiperventilando y con la ayuda de diversas personas, llegué a la enfermeria donde me estirarón en una camilla.

Capítulo 3: Ayúdame.

Ya preparadas nos sentamos algo separadas del resto de las chicas, a la espera de que fuese nuestro turno de correr. Córaline me insistía constantemente en que tenía que ser mas sociable, mientras que yo me limitaba a encogerme de hombros y decir que prefería estar sola antes que ir con gente con la que no me sentía a gusto y que seguramente ni me aceptarían tal y como soy.
-Emily, tu turno! -Exclamó mi profesor.
Asentí y me levante del suelo. Estaba algo nerviosa, ya que sabia que, como de costumbre, la gente me miraría fijamente, esperando un pequeño fallo que provocase mi caída, para poder pasar un buen rato a mi costa. Me coloqué en la linea de salida, y intenté calmarme. Al oír el leve silbido procedente del silbato del profesor, empecé a correr con todas mis fuerzas. Fue entonces cuando me percaté de la presencia de un extraño hombre al final del recorrido, como no podía parar sin levantar sospechas de mis compañeros, decidí correr fijándome en él. Era muy pálido, y llevaba una camiseta manchada de sangre. Aquello me dejó muy atónita, además del echo de que estaba lleno de cortes.
-"Emily tienes que ayudarme"- Escuché de repente.
¿Quuuuueeeeé? Aquello si que había sido raro, sobretodo por que la voz que había oído había sonado en su cabeza. Por fin llegué al final, sofocada y asfixiada en parte por el susto que me había llevado y en parte por el gran esfuerzo que me había supuesto aumentar la velocidad para que la gente no se percatara de mi estado. Me giré hacia donde estaba aquel hombre, pero cuando lo ice, el ya no estaba. No se si me asustaba más haber visto a aquel chico o que si hubiese desaparecido de repente.
-Emily? Estas bien? Me oyeeees? Oye me estas asustando, estas muy pálida!- Empezó a gritarme Córaline mientras me sacudía como si estuviese loca.
Dios estaba tan absorta en mis pensamientos que ni siquiera recordaba donde estaba, madre mía que me estaba pasando? Hasta yo estaba empezando a asustarme. Suspire y con la ayuda de Córaline me senté en el banquillo del patio, me tendió un espejo y pude ver lo muy pálida que me había puesto.
- Seguro que estas bien? Pareces asustada, que te pasa? Oye porque no hablas? Emily?- Volvió a insistir.
Me giré hacia ella y le respondí negando.
-No me pasa nada, debe haber sido una bajada de tensión, pero ya se me pasara- Empecé a decir, sintiéndome algo agobiada por su ataque de preguntas.
Me levante, ignorando la incesante cháchara de Córaline y me dirigí hacia el vestuario. Me cambie tan rápido como pude y me dirigí hacia la esquina donde solía ponerme con mis amigas en el recreo.

martes, 14 de junio de 2011

Capítulo 2: No todo es lo que parece.

Bella, mi gata de colores blancos y negros, me despertó, a la mañana siguiente, con su incesante ronroneo. Aún me sentía algo extraña cuando desperté, pero decidí hacerle caso omiso a aquella sensación, y empecé con la rutina de los días de instituto. Me vestí rápidamente con mi nuevo jersey negro, los tejanos y mis viejas converse de color negro. Me recogí el pelo en una coleta alta, dejando que mi flequillo me tapase el ojo derecho. Desayuné rápidamente y me subí al coche, aun medio dormida. Después de un cuarto de hora, llegamos al instituto, entré en mi clase, me senté en mi pupitre y me puse los cascos de mi ipod. Empezó a entrar gente en la clases, aunque ninguno de ellos me agradaba demasiado. Finalmente llegó mi gran amiga Córaline, y se sentó a mi lado. 
-Buenos días Emily! -me dijo con una amplia sonrisa en sus labios.
Córaline era todo lo contrario a mi. Toda ella era morena, prefería llevar ropas muy coloridas, de colores amarillos, rosados y naranjas. En cambio, yo prefería vestir con colores negros y purpuras.
-Hola Córaline-le conteste algo desanimada.
Ella río levemente antes de sonreírme ámpliamente y guiñarme un ojo.
-Tan animada como siempre, eh? Qué te pasa esta vez?
La mire fijamente intentando forzar una sonrisa, aunque no llego a serlo.
-Pues es que no se- le dije entre dientes- Ayer me paso algo raro y aun tengo una sensación... No se como describirla...
Me dedico otra cálida sonrisa, lo cual encontraba generalmente muy adorable, pero en esta ocasión empezaba a resultar me algo molesto.
-Bueno, ya sabes que me lo puedes contar todo-Me dijo Córaline, extrañamente seria- Aunque ya sabes, no todo es lo que parece.
Justo en ese momento entró nuestro profesor de Educación Física, anunciándonos que hoy era el gran día en que debíamos hacer la prueba de velocidad. Mierda, si había algo que odiase más que aquella asignatura, era tener que hacer aquella maldita prueba. Resoplé, cogí mi mochila de deporte y me fui con Córaline, cogidas del brazo. Odiaba aquello, solo acababa de empezar el día y ya quería que acabase. ¡Que asco!